Dicen que para hacer un Ebó, a veces con un vaso de agua basta. En la religiosidad popular cubana de profunda raíces yorubiana, dahomeyana, bantú y hasta europea ¿por qué no?, sin olvidar la influencia del espiritismo kardesiano, los símbolos tienen un rol incuestionablemente determinante.
Un Ebó constituye la máxima expresión de estos símbolos, es la fuerza de la que emanan las energías que alimentarán al Orisha y que debe responder a las necesidades de quien lo ofrece. Hay Eboses menores y mayores, simples y complejos, según las circunstancias. Pero, sí es cierto que un sencillo vaso de agua puede constituir una ofrenda, no debemos olvidar que los Orishas son representaciones de antiguos ancestros y como tales requieren alimentarse, de ahí que hay a quienes les gustan las frutas, los peces, las viandas, los animales de cuatro patas, las aves.
Mientras que Eleguá haría cualquier cosa por un buen gallo, Orula disfrutaría del buen pescado, si a Shangó le satisface un buen racimo de plátanos, Obatalá se conformaría con una paloma. Y no faltan las cintas de varios colores para matizar el Ebó y la recurrente presencia de la palma, el Orikí o Pirigay africano.
De todos estos símbolos y colores podremos encontrar en la pintura de Carlos Tato Ayress. Ahí están el Akukó, el Eyá, el Orguede, el Eyele; los colores funfún (blanco), dundún (negro), aperí (amarillo), pupua (rojo), ofereré (azul) y otros más. Son los tonos del vestuario de Obatalá, Eleguá, Oshún, Shangó, Yemayá. Y nada de esto es por pura casualidad, Tato Ayress como Lydia Cabrera en su tiempo y Carpentier y don Fernando, recurrió a lugares, visitó templos y ceremonias, leyó y conoció de las fuentes vivas del amplio mundo mágico religioso desde el lukumí hasta el bantú de donde tomó la Nnganga para presentárnosla en todo su esplendor.
Tato recrea su imaginación sobre la cosmogonía mágica religiosa de raíz africana, a través de trazos y texturas que le llegan por una atmósfera de la que ha sido testigo y a la cual se acerca con sospechas, dudas y desconfianzas propias de quien ante la disyuntiva de creer o no creer, opta por crear.
¿De dónde nace la obra? Del amor y la esperanza, surgidos tras la debacle y las torturas, persecuciones y encierros y finalmente más de tres décadas enraizadas en esta tierra, la más mágica, la más misteriosa, la mejor tierra para el mejor de los eboses.
Heriberto Feraudy Espino
Escritor e Investigador
Presidente de la Comisión Contra el Racismo y la Discriminación Racial.